Francisco: Puentes, no más barricadas

Política Internac.

La elección del cardenal Jorge Bergoglio de entre los 115 papables impactó al mundo al instante mismo que el humo blanco de la chimenea de la Capilla Sixtina , donde previamente se posó una gaviota “Argentatus”, anunció el “habemus papam”. Innumerables particularidades conjugó el nuevo Obispo de Roma: Primer elegido del “fin del mundo” (Latinoamérica) para esta misión y primer Francisco, quien inclinó con humildad su cabeza ante la multitud apenas asomó al balcón de la Plaza San Pedro, para pedir oración al asumir semejante responsabilidad, antes de dar su primera bendición “Urbi et orbi”. El que adoptó el nombre del humilde de Asís multiplicó estos gestos en su andar en el ministerio y rápido trascendió el ámbito católico para constituirse en un referente del liderazgo mundial.

“Palabras y signos”
Incontables aspectos sobresalen en su primer año de pontificado, pero en el actual contexto de crisis, vale destacar su genuino y particular liderazgo, que se ganó el respeto y reconocimiento mundial. Una referencia de cualidades para cualquier posición directiva: Vocación de servicio, cercanía a la gente y sus problemas, apertura al diálogo y compromiso con la cooperación, por el “bien común” de la humanidad, trascendiendo culturas y religiones. Todo lo cual evidenció en palabras, gestos y el trabajo incansable por “la enorme dignidad de cada persona se merece como hijo de Dios” (*), que despliega cotidianamente interactuando con un cardenal o un común feligrés, un gobernante o un humano que sufre en el lugar más recóndito del planeta.
“Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio”, dijo el 19 de marzo al ser entronizado ante unos 200 mil fieles y jefes de Estado y gobierno de 132 países, más cientos de millones que siguieron el acto por TV e Internet. La unidad “será nuestro mejor servicio en un mundo de divisiones y rivalidades”, expresó al día siguiente ante referentes mundiales de distintas denominaciones cristianas, ortodoxos, musulmanes, judíos, budistas e hinduistas. Poco antes se reunió en audiencia con Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla, referente de unos 300 millones de católicos ortodoxos en el mundo, cuyo representante no participaba del inicio de un pontificado desde el cisma de 1054, entre Roma y Constantinopla, que separara la cristiandad de Oriente y Occidente.
“Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: Seamos ‘custodios’ de la Creación , del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente (…) Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. ‘Custodiar’ quiere decir, entonces, vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad…”, invitó a todos en la homilía que inauguró su papado, que desde el inicio parece buscar restaurar el viejo divorcio entre prédica y práctica en las máximas esferas directivas.
Poco después, el 22 de marzo recordó ante el cuerpo diplomático de 180 países acreditado en la Santa Sede que “uno de los títulos del Obispo de Roma” es el de “Pontífice: ‘el que construye puentes’, con Dios y entre los hombres”. En la ocasión cuestionó la cantidad de pobres, la “pobreza de espíritu” y la “dictadura del relativismo”, citando a su antecesor Benedicto XVI. Con este se abrazó al día siguiente en la residencia de Castelgandolfo, en un hecho inédito en dos milenios. “Somos hermanos”, le dijo el recién ungido del “Nuevo mundo”, quien ahora luce una inusual y renovada sonrisa, a su par emérito, avejentado por los años y la milenaria “carga” en el ministerio petrino.
Francisco camina en clave interreligiosa y con una brújula cuyo norte es la paz. Inspiró y apoya iniciativas en los más diversos campos, fundamentalmente de promoción humana, puesto que condena fuertemente el sistema económico regido por el “dios dinero”, que excluye y produce “trata de personas”. Los niños, una de las víctimas de la “cultura del descarte”, ocupan un especial lugar en su corazón. Por medio de la educación, el deporte y el arte popular busca incentivarlos en los valores a través del proyecto Red Mundial de Escuelas para el Encuentro (Scholas Ocurrentes). ¿Signos de nuevos tiempos?

“Manos a la obra”
Parece lejano, pero todavía resuenan en nuestros oídos sirenas de otra conflagración de dimensiones incalculables en ciernes. Pero cuando nuevamente se alistaban misiles y cañones para repetir la historia de invasiones y el antiguo paradigma de la guerra parecía una vez más irremediable, levantó su voz y lideró otra propuesta. Movilizó cielo y tierra conducido por el Espíritu: la diplomacia vaticana y todos sus órganos de gobierno, y envió señales claras a todos los frentes. Destaca la carta del 4 de septiembre al Presidente de la Federación Rusa , Vladimir Putin, quien presidía en San Petersburgo la reunión del G-20, las 20 máximas potencias económicas. Pero sobre todo movilizó las fuerzas espirituales convocando para el 7 de septiembre a una jornada de ayuno y oración “por la paz en Siria, en Oriente Medio y en el mundo entero”, a la que se sumaron otras religiones, y hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo. Y prevaleció el sentido común.
Pero pese frenarse aquella guerra en Siria, la paz sigue aún distante. Las convulsiones sociales, las crisis políticas y económicas que asolan en todas las regiones del planeta se han vuelto candentes al interior de algunos países. También los extremismos, las variadas luchas y las lastimosos realidades que van desde la pobreza a las drogas. Todo lo cual parece derivar en gran medida del extravío del “bien común” y la degradación de nuestra dignidad al perderse el “sentido de la existencia”, que trasciende leyes y constituciones. ¿Entonces? “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”, dice un extracto de una reflexión atribuida a Albert Einstein que habla de crisis, que ayuda a reflexionar sobre el cambio que todos aspiramos. El cual reclama ejemplos. No magia o “salvadores”, alienados con imperativos exitistas y “domesticados” con ilusiones de consumo, promesas de “clientelismo” y “dogmas” de libertad e igualdad distorsionados.
Para salir de la desilusión de decepcionantes utopías y retomar el camino del soñado anhelo, de la esperanza, los signos de estos tiempos de crisis de grandes dimensiones hacen imprescindible vocación de servicio, que surge del mandato de todas las tradiciones espirituales: “Amor a Dios y al prójimo”; cercanía a la gente y sus problemas, con la calidez de corazón de un padre o un hermano; apertura (mental, afectiva y espiritual) al diálogo y a la inspiración que viene de lo Alto (oración y escucha); y compromiso con la cooperación para restablecer la dignidad de cada persona, sin importar de qué partido, sector u organización. Espíritu de grandeza, como el que mostró el antecesor de Francisco, y “desarme de mentes y corazones”, para predisponernos a dar el primer paso, y los siguientes con esfuerzo cotidiano y compromiso persistente.
Los mencionados valores son una interpelación al liderazgo y una invitación a todos a poner “manos a la obra” para construir puentes, para ser comunidad y proyectarse en nación, para entrelazar pueblos y culturas. No barricadas, con la vieja premisa de “divide y reinarás”, para “dominar y controlar”, que multiplica peleas interminables y destruyen todo intento y posibilidad de bienestar. Cualidades que eyectan de sillones de mando, de sectarismos e intereses de enredadas nimiedades, resetea el “chip belicoso” con un formato más civilizado y cura de la “droga” del poder, pretendidamente “eterno”. Empujan a las “periferias geográficas y existenciales”, impulsa la “cultura del encuentro” y la solidaridad, para la evolución humana y el progreso, la paz social y la globalización de la fraternidad.

(*) Carta con motivo de la beatificación del “cura gaucho” argentino José Brochero, 14 de septiembre de 2013.

Lic. Miguel Werner
Secretario General UPF Argentina

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