Espías, contraespionaje, ciberseguridad

Escrito por jackyen dic 16, 2013 | Dejar comentario

Ricardo Cantalapieda.– Uno de los más espectaculares avances científicos de los últimos tiempos se ha convertido ya en una de las temibles amenazas para la seguridad de los individuos y las sociedades desarrolladas. Consiste en la utilización de internet por la delincuencia organizada, los grupos terroristas, los hackers y diversos clanes que viven de espiar a empresas, sociedades, gobiernos e individuos. Las mayores empresas de Internet en el mundo (Google, Microsoft, Apple, Yahoo, Facebook, Twiter, AOL y Linkedin) instan a Obama y al Congreso de los Estados Unidos a que limiten la vigilancia sobre sus clientes que, además de los particulares, están formados por países e instituciones internacionales que oficialmente son aliados.

Gracias a la informática, el espionaje sin fronteras es moneda corriente en el planeta, una amenaza permanente contra la democracia y el libre mercado de ideas y productos de consumo.

Recientemente, 562 intelectuales y escritores de 82 países han firmado un manifiesto contra la vigilancia en Internet, exigiendo a Estados y empresas el respeto de la privacidad y pidiendo a la ONU una Carta Internacional de Derechos Digitales. He aquí algunos puntos del citado manifiesto: “La vigilancia vuelve transparente al individuo, mientras que el Estado y las empresas actúan en secreto.

Como hemos visto, este es un poder del que se abusa sistemáticamente”. Esto es cierto, pero esos intelectuales parecen no percatarse de que la vigilancia contumaz no solo la ejecuta el Estado para controlar ideologías o tendencias. El ciberacoso es realizado diariamente por entidades mafiosas que atentan directamente con fines criminales contra las empresas, las finanzas, el comercio y la vida privada de los ciudadanos.

El manifiesto “intelectual” afirma también: “Una persona vigilada deja de ser libre; una sociedad vigilada deja de ser una democracia. Si queremos que nuestros derechos democráticos sigan teniendo validez, es necesario que se respeten en el espacio virtual además del espacio físico”. Todo parece indicar que estos escritores de 82 países acusan sobre todo al Estado, cuando el propio Estado se ha convertido en uno de los principales objetivos de la ciberdelincuencia. El espionaje durante la Guerra Fría era una bagatela más o menos romántica comparado con el que se realiza en estos momentos por todos los rincones del mundo.

En España, eso de la ciberseguridad es un cacao repartido entre varios ministerios. Existe el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), del que depende el Centro Criptológico Nacional (CCN); desde el Ministerio del Interior, a través del Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas; el Ministerio de Industria cuenta en León con el Inteco (Instituto Nacional de Tecnologías de la Telecomunicación) y con el CERT (Centro de Respuestas a Incidentes TIC); el Ministerio de Defensa, con su nuevo Mando de Ciberdefensa, protege las redes militares… Seguro que hay otros organismos y otras siglas que pasan desapercibidas.

Lo cierto es que todas esas siglas no parecen haber producido los resultados que se esperan. Por eso parece muy oportuno que el Consejo de Seguridad Nacional apruebe la Estrategia Nacional de Ciberseguridad, que asumirá todas las funciones necesarias desde el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), cuyo director Félix Sanz se convierte así en lo que se ha llamado “el primer zar de la seguridad”. A ver si se consigue algo, porque cada vez se extiende más el espionaje cutre que puede realizar cualquier zopenco desde su ordenador.

Cantidad de jóvenes sin trabajo se están inscribiendo en las academias de informática para llegar a ser espías, la profesión de moda. Lo cierto es que muchos de ellos pretenden hacerse hackers, un oficio con mucho futuro. Aunque, claro, casi ninguno está provisto de la sutileza que se precisa para ser espía de relevancia. Es decir, muchos acabarán en la cárcel, en cuyo caso muchas bravas madres españolas emularán con brío a la bravísima italiana Catalina Sforza (1463-1509), condesa de Imola y de Forli.

Asediada en el castillo de Forli, sus enemigos capturaron a los hijos de Catalina y amenazaron con asesinarlos. Catalina no se amedrentó: desde lo alto de la muralla se levantó la falda, señaló sus genitales y gritó enfurecida: “Aquí tengo el instrumento para hacer más hijos”. Los atacantes, temerosos, levantaron el acecho. Con madres así no hay peligro de que España se quede sin espías. Guzmán el Bueno se quedó corto en patriotismo.

Fuente: http://www.capitalmadrid.com/

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